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La
primera elección suele ser el formato en el que trabajaremos,
pero como en muchos diseños es un tema que ya viene impuesto
por el cliente o por las circunstancias que rodean el trabajo, nos
centraremos en el siguiente elemento fundamental para el diseño
y creación de nuestra retícula, que será la
tipografía que utilizaremos en nuestro trabajo. Además
deberemos considerar este elemento no sólo como el vehiculizador
del contenido, sino como un elemento que viene a aportar más
información visual al diseño general, por lo que nuestra
elección tipográfica debe estar en sintonía
con el tema y el estilo de la publicación que estemos trabajando.
No es necesario elegir, muchos tipos para nuestro
trabajo, ya que eso sólo hará que el resultado pueda
ser más caótico. Lo que si puede ser recomendable
es elegir un tipo que contenga variadades en cuerpos y estilos,
ya que eso nos permitirá una mayor flexibilidad en nuestro
trabajo. Como en un trabajo editorial la presencia tipográfica
es amplia y el objetivo del diseñador debe ser que se lea,
sería conveniente tener en cuenta las leyes de legibilidad
tipográfica y facilitar en la medida de lo posible esa lectura.
Para ellos sería conveniente hacer una elección
de tipográfica para los textos extensos de unos caracteres
que sean bien proporcionados y abiertos, con regularidad en los
tipos. Si queremos aportar una tipografía más original
o poco vista, pero con poca legibilidad, deberemos hacer un uso
racional de ella, aplicándola en textos poco extensos. Cuando
seleccionemos este tipo de letra deberemos evaluar que esté
acorde con el contenido general o el estilo de la publicación
ya que las tipografías "decorativas" o con una
fuerte personalidad caracterizan excesivamente el diseño.
Con respecto al cuerpo tipográfico con el
que trabajaremos, debe buscarse una armonía entre ese tamaño,
junto con el interlineado y la longitud de las líneas de
las columnas. No olvidemos que aunque estemos hablando del un tamaño
tipográfico o cuerpo, no todas las letras tienen la misma
medida, ya que esto depende de la altura de la x. A mayor altura
de la x mayor legibilidad tipográfica.
Cuando estamos hablando de un bloque de texto deberemos
decantarnos por una medida tipográfica que estará
entre 8 y 11 o 12 puntos, dependiendo de la letra elegida y el destinatario.
A partir de la elección del cuerpo de texto, deberemos determinar
el interlineado que debe facilitar al lector el salto de una linea
a otra sin distracciones ni confusiones, para ello lo normal es
que el interlineado sea unos puntos mayor que el tamaño tipográfico
que estemos utlizando (un 20% más del tamaño del tipo)
, indicándose de la siguiente forma: 8/10 o 10/12, que indica
un tamaño tipográfico de 8 con un interlineado de
10 o un tamaño de 10 con un interlineado de 12.
Dos cosas deberemos considerar en cuanto al interlineado:
que la medida de éste será diferentes en las columnas
que sean más anchas, ya que requieren un mayor interlineado
para seguir manteniendo la legibilidad tipográfica. Y otro
punto a considerar es con respecto a la medida de los titulares
(36 puntos o más) que en este caso el espacio entre líneas
debería reducirse en proporción al aumento del tamaño
del punto.
Otro de los elementos a determinar será
la anchura de la columna, que evidentemente debe seguir en relación
con los elementos anteriores para buscar esa armonía de legibilidad
tipográfica. Lo normal es que las columnas tengan un ancho
que puede ir de sesenta a setenta caracteres.
Otros factores a establecer o que pueden ser modificados
son el set o el espaciado entre pares de letras y, sobre todo, el
Track o espaciado entre palabras que tradicionalmente ha sido utilizado
por los tipógrafos para alterar la densidad visual del texto.
Estos dos conceptos puede verlos más
extensamente en nuestras páginas.
Para romper la monotonía tipográfica
o la textura que creamos mediante el texto y aplicado a ciertos
detalles, podremos jugar con el interletraje de una determinada
frase o un elemento tipográfico (un titular, numeración,
nombre de capítulo...) haciendo que sea mayor o menor.
Cuando forzamos un interletraje aumentándolo
podremos conseguir un aspecto de mayor ligereza y elegancia, que
puede acrecentarse si el tipo utilizado tiene un grosor fino, creando
un efecto delicado. Cuando lo forzamos el interletraje en sentido
negativo la textura tipográfica puede convertirse casi en
una masa de color, que utilizado con moderación y siempre
teniendo en cuenta la legibilidad, podrá crearnos una sensación
de continuidad y de urgencia.
Cuando hayamos determinado estos factores obtendremos
una mancha tipográfica o también denominado "color
tipográfico" que nos proporcionará una textura
formada por el texto de la página y que será en mayor
o menor medida denso o gris dependiendo de lo "apretada"
que esté la tipografía en el bloque. Podemos hacer
una prueba que será alejar la hoja impresa y ver la tonalidad
que nos da, si es excesivamente negro el bloque, quizás sería
conveniente que ajustasemos algunos de los factores como el interlineado
y buecar, si es que es lo que queremos, un flujo tipográfico
"armónico".
En
algunos elementos tales como titulares o capitales, puede que optemos
por soluciones más creativas como la utilización de
elementos superpuestos para dar un aspecto visual de diferentes
planos en el mismo diseño o transparencias. Esto siempre
deberemos hacerlo buscando un juego de contrastes que nos permitan
seguir manteniendo una cierta legibilidad y como un recurso más
que no termine cansando al lector.También puede que queramos
romper las estructuras rígidas de los bloques de textos y
que busquemos otras posibilidades que den como resultados bloques
deformados o líneas que sean casi más gráficas
que tipográficas. Este tipo de recursos pueden ser utilizados,
pero siempre que no lo hagamos de forma extensiva o en bloques demasiado
largos.
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