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::Packaging y etiqueta.  

¿Qué entendemos por Packaging?

Con esta palabra designamos a los envases o envoltorios de los productos.
Estos envases tienen una doble función, guardar o embalar el producto y atraer al público por medio de su imagen.

Estas dos funciones deben ir siempre unidas para dar resultados, por ejemplo: de poco sirve que un bote de café sea muy fuerte y proteja el aroma del producto de una forma extraordinaria, si el envase es poco claro, no refleja la calidad del producto, no inspira confianza o interes de compra... De la misma manera, de nada sirve que el envase sea perfecto en cuanto a diseño, si al cogerlo se rompe el bote y se cae el café, o no guarda el producto en buenas condiciones.

Cada vez son más los productos similares que salen al mercado, la batalla que existe en los lineales de las grandes y pequeñas superficies es impresionante, la competencia se dispara, y es en este momento cuando surge el packaging como medio de atracción y diferenciación.

Por este motivo, debemos considerar el packaging como uno de los elementos de diferenciación, ya que es un método fundamental para posicionar y crear una buena imagen del producto, capaz de competir con los demás.

Por tanto, lo primero que debemos hacer antes de diseñar un packaging es, además de los puntos señalados al principio (estudiar el producto y el público al que vá dirigido), analizar las tendencias del mercado, los nuevos envases y sus posibilidades, material a utilizar y presupuesto, buscar la comodidad para el consumidor... en definitiva, conseguir diferenciar el producto que estamos ofreciendo.

Joaquín Lorente comenta sobre el envase que "debe ser comunicación". Un envase debe cumplir, al margen de la protección, cuatro funciones básicas (lo que él denomina proceso IDIP):

1. Información: no convierta su envase en una caja misteriosa. Los distribuidores pueden llegar a odiar una empresa que no defina claramente, en lugar accesible, la capacidad, unidades, tamaño, watios o todos aquellos detalles que, en algunos productos, es necesario conocer imprescindíblemente para decidir una venta.
2. Diferenciarse: Si es igual que los demás, no tiene personalidad; si imita, sólo comprarán los despistados. Esta es la base de una personalidad fuerte y bien concreta. El público tiene que "sentir" qué está comprando y consumiendo o utilizando "aquél" producto y no otro. Cada contacto, cada uso que se produce entre consumidor y marca tiene que evidenciar, aunque sea a nivel subconsciente, esta personalidad, que es el motivo por el que alguien en su día lo eligió.
3. Ilusiones: la gente no es tan robot. Es la sistematización de un hecho que jamás hay que olvidar: al consumidor hay que despertarle la ilusión. La gota del caramelo líquido que se desliza por el lateral de un flan Royal era básica para que el consumidor lo eligiese. A la gente hay que darle más que la competencia, hay que darle más por su dinero. Hay que darle ilusión. Invertir tiempo, neuronas y dinero en crear en el envase la ilusión básica de resultados, de elegancia, de estatus, de tecnología, de lo que cada producto requiere, es una de las mejores inversiones que se pueden hacer en comunicación.
4. Provoque: Los tímidos pasan inadvertidos. Ante precios similares gana quien más provoca. Quien mejor sabe decir "aquí estoy yo", por sus colores, su fotografía, su beneficio escrito claramente en la cara frontal, su categoría, por algo concreto que lo diferencia y conecta con lo que el público desee encontrar de ilusión o función en aquel producto. El envase tiene actualmente cada vez más importancia, tanto como elemento para reconocer el producto como para posicionarlo ("adquiere connotaciones simbólicas que lo integran materialmente al producto e incluso lo hacen trascender a éste, reforzando o deteriorando su imagen").