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Las diversas tecnologías
y métodos utilizados antiguamente para la manipulación
y transmisión de comunicación visual intencionada,
han ido modificando sucesivamente la actividad que hoy conocemos
por diseño gráfico, hasta el extremo, de confundir
el campo de actividades y competencias que debería serle
propio, incluyendo por supuesto, sus lejanas fuentes originales.
El desarrollo de los
productos y servicios ha crecido espectacularmente, lo que les obliga
a competir entre sí para ocupar un sitio en el mercado. Es
en este momento cuando surge la publicidad, y con ella la evolución
del diseño gráfico como forma estratégica de
comunicar, atraer y ganar la batalla frente a los competidores.
El cómo se transmite una determinada información es
un elemento singnificativo trascendental para lograr persuadir,
convencer, e incluso manipular a gran parte de la sociedad.
El culto hacia los
medios de comunicación visual utilizados en la antigüedad
(como mosaicos, pinturas, lienzos...) ha permitido sobrevivir a
muchos de ellos a la función temporal para la que fueron
creados. Para estos objetos el medio ha acabado por convertirse
en obra de arte, es decir, en el auténtico y definitivo mensaje.
La función
del diseñador es, transmitir una idea, un concepto o una
imagen de la forma más eficaz posible. Para ello, el diseñador
debe contar con una serie de herramientas como, la información
necesaria de lo que se va a transmitir, los elementos gráficos
adecuados , su imaginación y todo aquello que pueda servir
para su comunicación. Nuestro diseño debe constituir
un todo, donde cada uno de los elementos gráficos que utilicemos
posean una función específica, sin interferir en importancia
y protagonismo a los elementos restantes (a no ser que sea intencionado).
Un buen diseñador
debe comunicar las ideas y conceptos de una forma clara y directa,
por medio de los elementos gráficos. Por tanto, la eficacia
de la comunicación del mensaje visual que elabora el diseñador,
dependerá de la elección de los elementos que utilice
y del conocimiento que tenga de ellos.
Lo primero que hay que hacer para diseñar
algo ( un anuncio en revista, una tarjeta...), es saber que es lo
que se quiere transmitir al público y que tipo de público
es ese, en definitiva, cual es la misión que debe cumplir
ese diseño. El dilema con el que se encuentra el diseñador
es cómo elegir la mejor combinación de los elementos
y su ubicación (texto, fotografías, líneas,
titulares...), con el propósito de conseguir comunicar de
la forma más eficaz y atractiva posible.
En esta parte empezaremos
por conocer los elementos básicos del diseño, pero
primero aclararemos un término que facilitará nuestra
comprensión del concepto que debemos tener de los elementos.
La impresión o sensación que causan dichos elementos,
es decir la información que transmiten.
Los diseñadores
pueden manipular los elementos siempre que tengan conocimiento de
ellos y de lo que en sí representan, ya que en el ámbito
del diseño es muy importante el factor psicológico
para conseguir el propósito que se busca: Informar y Persuadir.
Por tanto, hay que tener en cuenta lo que puede llegar a expresar
o transmitir, un color, una forma, un tamaño, una imagen
o una disposición determinada de los elementos que debemos
incluir..., ya que ello determinará nuestra comunicación.
En ambos casos, se consigue por medio de la atracción, motivación
o interés.
Ya hemos dejado claro
la función del diseñador, hacer un diseño que
comunique una idea o un concepto de una forma eficaz. El diseño
debe servir de vehículo al propósito final que tenga
nuestro mensaje, a la imagen que queramos transmitir. Para desempeñar
su función el diseñador necesita una serie de requisitos:
- Información
sobre lo que se va a comunicar.
- Elección de los elementos adecuados.
- Componer dichos elementos de la forma más atractiva posible.
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