Con las formas redondeadas, la
proporción y la simetría suelen combinarse, puesto
que las formas perfectamente circulares también son simétricas.
Por lo que las formas circulares parecen ser menos potentes
que las formas oblongas, pero crean impresiones de armonía
que resuenan con suavidad y perfección.
Evidentemente el tamaño
de un elemento en relación con el resto de los elementos
que coloquemos en el espacio gráfico también tendrá
diferentes significados. Las formas grandes, altas o anchas,
suelen ser percibidas como potentes o fuertes, mientras que
las formas pequeñas, cortas o finas, nos parecen delicadas
y débiles. La interpretación del tamaño,
más que de las demás dimensiones de la forma,
varía sorprendentemente según las culturas y los
países. En occidente, la pequeñez se percibe como
falta de talla humana, sin embargo en el oriente, lo grande
se suele percibir como raro y aparatoso.
Todos los elementos visuales
tienen capacidad para modificarse y definirse unos a otros,
este proceso se llama escala: el color es brillante o apagado
en yuxtaposición con otros valores, asimismo no puede
existir lo grande sin lo pequeño. Pero incluso cuando
establecemos lo grande a través de lo pequeño,
se puede cambiar toda la escala con la introducción de
otra modificación visual, por ejemplo en relación
con el campo visual o el entorno.

Como vemos en este ejemplo
las sensaciones de estos dos cuadrados de la misma dimensión
pero con diferentes color y en diferentes contextos, nos transmiten
mensajes muy distintos: su posicionamiento con respecto al contexto,
el color de los elementos y las dimensiones de su ubicación.
El color amarillo del
cuadrado le permite defenderse mejor frente a la forma más
grande, ya que los colores claros son expansivos, mientras que
los colores oscuros se contraen visualmente.