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La marca ha tenido desde siempre una
doble función: como señal de autor u origen y como
sello de garantía en caso de defecto del objeto. Ya en la
edad moderna -con el desarrollo de la imprenta y la posibilidad
de obtener papel a precios económicos-, expande la marca
más allá de la propia materialidad del producto para
llegar a la comunicación comercial escrita: publicidad de
empresa, anuncios de prensa...
La concepción
de objetos para la industria en base a principios funcionales y
constructivos creció a principios del S. XX en constante
polémica con la ornamentación, surgiendo un movimiento
racional que consideraba la forma vinculada a la utilidad práctica.
La
Bauhaus, escuela de diseño y arte creada en 1919 por Walter
Gropius, uno de los más importantes maestros del racionalísmo,
nació con el objeto de sintetizar arte e industria, formando
nuevos especialístas que dominasen, al mismo tiempo, técnica
y forma. Son los orígenes de lo que más tarde se llamarían
diseñadores industriales. Se pasa a la búsqueda de
lo elemental o, mejor dicho, de lo funcional ("La forma sigue
a la función").
El ejemplo más significativo
de una empresa que desarrollase lo que podría denominarse
como el primer proyecto de imagen corporativa fue AEG cuando, en
1907, encargó a Peter Behrens (arquitecto) que le crease
una identidad coherente y reconocible en edificios, productos y
publicidad.
Aunque el logotipo
de AEG ha sido retocado varias veces a lo largo de los años,
aún sigue siendo válido. Ejemplos similares de perdurabilidad:
la marca de fábrica de Phillips -inalterada desde los primeros
tiempos de la fábrica- o el logotipo de Coca-Cola -desde
1887 con sólo ligeras modificaciones- o la mascota de Michelín,
diseñada en 1910.
Es a partir de la
segunda guerra mundial cuando surge el movimiento de diseño
que aúna las dos tendencias de lo constructivo y lo decorativo.
Su principal exponente, Raymond Loewy, influyó decisivamente
en la nueva teoría del "Styling", concibiendo el
diseño como una estética del producto y propugnando
que entre productos de idéntica función, precio y
calidad equivalente, aquéllos que tengan una apariencia más
bella se venderán mejor. El diseño podía influenciar,
pues, a la masa consumidora en la elección del producto.
Se sientan las primeras
bases de la indisolubilidad entre diseño y comunicación,
entre marketing y producción.
Se formará
la primera generación de estructuralístas, de grafístas
y diseñadores gráficos, que renuncian en principio
al lenguaje de las imágenes retóricas en favor de
una investigación icónica basada en las formas puras,
aunque no privadas de significado. |