La identidad corporativa se interesa
por cuatro grandes áreas:
1-
Productos y servicios: Lo que se fabrica o vende.
2- Entornos: El lugar o entorno físico en que se fabrica
o vende.
3- Información: La forma de describir y anunciar lo
que se hace.
4- Comportamiento: La forma en que el personal de la organización
se comporta en sus relaciones internas y con el exterior.
Todas
éstas áreas comunican ideas sobre la empresa;
de hecho, el grupo empresarial comunica cosas cada vez que hace
algo. La mera existencia de la empresa es ya una forma de comunicación.
Pero la potencia de las distintas formas de comunicación
varía, al igual que el grado en que pueden modularse.
En
una empresa basada en el producto, es éste el
elemento más importante de la identidad. El factor más
importante en la creación de la identidad de, por ejemplo,
Jaguar es el propio coche: su línea, lo que cuesta, el
aspecto interior, el olor, el sonido y el comportamiento en
el arranque, la parada y la marcha. Pero por mucho carácter
que tengan los productos, siempre es útil simbolizar
y ritualizar la identidad con nombres, dibujos y otros elementos.
Así, el
nombre y el símbolo de Jaguar tienen por objeto simbolizar
la velocidad, la potencia y la elegancia que se asocian con
los productos de esta empresa. Por supuesto, el entorno también
influye en las empresas basadas en el producto, así como
los anuncios, los manuales de instrucciones, los prospectos
y el estilo del vendedor. Asimismo, lo que se espera y lo que
se obtiene del servicio postventa influye mucho en la identidad
global de la organización.
Hay
otro tipo de empresas - de distribución y de tiempo
libre, por ejemplo- dominadas por el entorno, que determinan
la identidad en su conjunto. Por ejemplo El Corte Inglés:
su enorme tamaño, su amplia gama de productos, el cuidado
de sus escaparates, la abrumadora abundancia de sus artículos
o su presencia en el territorio nacional... determina a esta
empresa. Todo lo que se vende ahí puede adquirirse en
otro sitio y, con frecuencia, por menos dinero. Esto mismo ocurre
en el sector hotelero, tal como NH hoteles o cadena Meliá:
el entorno es realmente lo que les determina.
Hay
identidades centradas básicamente en la comunicación.
Casi todos los productos del hogar carecen de vida propia y
de carácter. Un jabón o un refresco, privados
de su envase y de los anuncios, se convierten en mercancías
anónimas. Las técnicas de información,
en especial la publicidad, influyen en la identidad de determinados
productos de consumo y hasta la crean.
La
Coca-cola es un líquido marrón con burbujas y,
según algunos, carente de interés o mérito
intrínseco. Se diferencia poco de miles de otros refrescos
fabricados en todo el mundo. Por el contrario, la imaginería
de Coca-cola es asombrosa. Su éxito internacional, el
logotipo, los colores y la publicidad a escala gigantesca se
han combinado con la atención obsesiva al detalle en
un sistema de distribución mundial sin parangón
para crear una de la mayor marca internacional de todos los
tiempos. Gracias a miles de millones, Coca-cola se ha convertido
en casi todo el mundo en sinónimo de las cosas buenas
de la vida, de la diversión. En EE.UU. se consume igual
volumen de Coca-cola que de agua corriente.
La
publicidad se ha convertido en el prisma a través del
cual se proyectan muchos de los productos utilizados en la vida
cotidiana: refrescos, jabones, dentífricos, cereales...
Por tanto es inevitable que se haya llegado a asociar publicidad
con identidad o con imagen aunque esto sea falso, ya que es
más una manifestación de la organización
en su conjunto; en último extremo, la identidad es la
responsabilidad de quienes dirigen la organización, y
no sólo de sus diseñadores, sus relaciones públicas
o sus agencias de publicidad.
En
el extremo opuesto a la identidad basada en la comunicación,
se encuentran las organizaciones basadas en el servicio,
que, por tanto, dependen de la forma en que se comporte su personal.
Por ejemplo: Cuerpo de policía. Para el consumidor, todos
los encuentros con la Coca-cola son más o menos iguales.
Pero el contacto con la policía depende en gran medida
del comportamiento del agente. El éxito de un cuerpo
de policía depende en gran medida del comportamiento
que sus miembros observen en multitud de situaciones individuales,
muchas de las cuales serán, por la naturaleza misma del
trabajo, tensas. Un cuerpo de policía se parece a una
compañía aérea en que son sus empleados
más jóvenes e inexpertos quienes tienen mayor
contacto con el público y quienes, por tanto, son responsables
en mayor medida de su reputación. La organización
policial, sin duda, utiliza la identidad visual como símbolos
que representan a la autoridad.
Muy
pocas empresas perciben la relación entre las diversas
partes de su identidad; en consecuencia, muy pocas intentan
controlar la totalidad de las impresiones que producen en los
distintos grupos de personas con quienes tratan.
El conjunto de todas las impresiones que una empresa realiza
sobre sus destinatarios suele llamarse imagen; pero esta imagen
no es igual en todos los destinatarios.
En
cambio, todas las empresas, sean grandes o pequeñas,
tienen una identidad, y todas deben decidir si quieren controlar
esa identidad o si están dispuestos a dejar que la identidad
les controle y a proyectar imágenes radicalmente distintas
en sus distintos destinatarios.