Monolítica: La organización
utiliza un nombre y un estilo visual únicos en todas sus
manifestaciones: BMW, IBM.
De respaldo: La organización consta de un grupo
de actividades o empresas a las que respalda con el nombre y la
identidad del grupo: General Motors.
De marcas: la organización opera por medio de una
serie de marcas, que pueden ser independientes entre sí
y con respecto a la sociedad: Procter & Gamble, Unilever.
Casi
todo el mundo piensa que la identidad corporativa es cosa de símbolos,
logotipos, colores, tipografía y hasta edificios, productos,
mobiliario... es decir, aspecto visual y diseño. Lo es, pero
la identidad puede revelar como está organizada una empresa,
indicar si está centralizada o descentralizada y en qué
medida; también pude mostrar si tiene divisiones, filiales
o ramas y qué relación guardan éstas con el
conjunto.
Si una sociedad tiene
cinco divisiones y utiliza un nombre, un conjunto de colores, un
símbolo y un estilo tipográfico en todas ellas, emitirá
una idea de sí misma simple y centralizada. Si la misma sociedad
da a cada división un color, proyectará inevitablemente
una imagen más descentralizada. Y si utiliza distintos nombres,
símbolos y logos en cada división, producirá
una impresión más dispar. La identidad puede revelar
la estructura de una organización y proyectar con claridad
su finalidad y su forma.
Aunque la división
entre los tres modelos parece en principio clara, en la práctica,
los límites entre los distintos tipos de estructura suelen
ser difusos. Así, a veces es difícil saber dónde
termina una estructura de respaldo y empieza una de marcas. Las
sociedades pueden pasar de un tipo a otro, a veces sin ser conscientes
de ello y con frecuencia de forma desigual e incontrolada.
Ninguna de las tres
estructuras de identidad es intrínsecamente mejor que las
demás. Cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes;
la que funciona para una sociedad puede no ser apropiada para otra.
Lo que sí, cada una de ellas se ha asociado tradicionalmente
con un tipo especial de actividad comercial. Así, la identidad
monolítica es propia de bancos, líneas aéreas
y compañía de petróleos. La tradición
ejerce una influencia tan poderosa, que a veces resulta difícil
para las empresas que necesitan revisar su estructura de identidad
el mero hecho de plantearse la evolución de una categoría
a otra.
"Todo experto
en creatividad persuasiva respeta una ley sagrada: No se puede
conseguir que alguien lleve a cabo algo si previamente no lo
siente. Asimismo, nadie puede sentir nada, si antes no lo conoce.
Saber para sentir. Sentir para hacer. Convencimiento."
Santiago Rodríguez.
¿Puede un creativo transmitir
convencimiento si su propia convicción no está asentada
sobre el pilar del conocimiento?
Sin embargo, adquirir conocimiento, sumergirse en las interioridades
de la empresa, del producto, de la red de ventas, de la competencia,
puede resultar una tarea tediosa, casi burocrática... El
creativo se ve tentado a soltar las riendas al caballo de su imaginación.
El resultado final de esta creatividad descontrolada es del todo
controlable: mediocridad y sitios comunes. Y cuando surge un chispazo
de ingenio, no hay manera de adivinar por qué se produjo.
La próxima vez resultará imposible invocar de nuevo
los mecanismos que lo dieron a luz. Un creativo poco útil
es aquél que deja de investigar enseguida.
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